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¿Qué hacer cuando se tiene dolor musculoesquelético?

Conceptos.
El dolor, síntoma común a muchas enfermedades, es una respuesta compleja del sistema nervioso frente a lesiones de los tejidos y su función es alertarnos sobre la agresión, cumpliendo una función de protección. Los mensajes de dolor son conducidos por fibras nerviosas a la médula espinal y al cerebro y éste envía órdenes a la periferia para contrarrestarlo. Así, por ejemplo, el dolor de la artritis informa de un daño en una articulación al cerebro el que responde indicado a los músculos vecinos que se contraigan como protección, previniendo su uso normal.
La experiencia dolorosa tiene un componente sensorial que permite precisar su localización e intensidad y otro afectivo emocional, que se presenta como una vivencia desagradable que conduce a cambios de comportamiento, y en determinadas circunstancias a reacciones de ansiedad, temor, depresión o aislamiento, es decir, por un lado está el dolor físico (sensación) y por otro el dolor moral (emoción y sufrimiento).
Las personas sienten el dolor con diferente intensidad aunque el estímulo sea el mismo, lo que depende de circunstancias personales, familiares y socioculturales y su significado no es el mismo en diferentes civilizaciones, habiendo culturas en las que la tolerancia al dolor es muy alta, así, el dolor más que un estado del cuerpo parece ser un estado de la mente. Por otra parte, el dolor es una experiencia personal e intransferible, si bien se puede describir sus características, es muy difícil compartir completamente con otro lo que exactamente se siente.
Dolor agudo: de corta duración, es una señal de alarma que induce una reacción de protección, por ejemplo, nos hace retirar la mano del fuego. Puede ser agobiante mientras dura, pero cuando pasa no deja alteración evidente del comportamiento. La crisis de gota puede ser un ejemplo.
Dolor crónico se caracteriza por su mayor duración y si bien tiene una función inicial de protección, puede llegar a ser, a veces, más importante que la enfermedad que lo provoca, transformándose de un síntoma en una verdadera enfermedad en sí, porque el dolor crónico, cuando es severo, puede conducir a modificaciones del comportamiento y a alteraciones psicológicas, más o menos severas, que pueden alterar la vida de la persona que lo sufre.
Manejo del dolor
El mejor modo de tratar un cuadro doloroso es suprimir la causa que lo origina, pero esto no es siempre posible, como ocurre con las enfermedades reumatológicas crónicas. Para el tratamiento del dolor, especialmente crónico, es importante combinar estrategias, que incluyan no sólo el uso de medicamentos para controlar la enfermedad y reducir el dolor, sino la modificación de la actitud ante el dolor y el manejo del estrés emocional que la enfermedad puede producir, para ello es preciso conseguir un apoyo psicoafectivo personal y familiar bajo el cual Ud. aprenda a convivir con su dolor, a constituirse en colaborador activo del personal médico y a enriquecer su existencia profundizando aspectos de su vida que trasciendan su enfermedad. Tendrá éxito sólo si Ud. aprende tanto como pueda sobre su dolor, como puede ser tratado y que papel puede jugar en su alivio. No todas las estrategias son igualmente útiles para todos, Ud. necesita descubrir la suya.
El primer paso es aprender a entender y aceptar su dolor, entonces comenzar a ponerse metas. Tiene que querer ayudarse a sí mismo y aprender a aceptar sus limitaciones, habrá ciertas cosas que no podrá hacer, actividades que aumentan el dolor deben ser modificadas o eliminadas, ponga énfasis en hacer aquellas que mantengan su auto-imagen y auto-estima. Busque la forma de hacer cosas que le demanden menos esfuerzo, use aparatos de apoyo y aprenda a dejar que otros le ayuden. Es importante un proceso gradual de aprendizaje para ganar control sobre su cuerpo y enfermedad de modo de así no sentir que el dolor lo controla a Ud.
Consulte con su médico, que puede diagnosticar su enfermedad, la causa de su dolor y le indicará medicamentos que le podrán ayudar. Al describir sus síntomas sea lo más específico posible, explique donde y cuando le duele, cuanto dura, si es persistente o recurrente, los factores que lo aumentan o atenúan. Su doctor lo puede referir al fisioterapeuta y al terapeuta ocupacional, que pueden ayudarle con programas de ejercicios que aumenten la fuerza muscular y el rango de movimiento y con la confección de aparatos que lo protejan contra un daño mayor.
Medicamentos de uso frecuente en dolor musculoesquelético
Analgésicos y antiinflamatorios no esteroidales (AINES). Inhiben sustancias que participan en la inflamación y el dolor. Hay una gran variedad, con diferencias farmacológicas entre sí, su médico lo puede ayudar a encontrar el más adecuado para Ud. Los analgésicos (paracetamol, dipirona) carecen de eficacia como antiinflamatorio y son especialmente útiles si el dolor se debe a un proceso con escasa inflamación (ej. Artrosis). En general los AINES no son inocuos, pudiendo producir efectos dañinos especialmente sobre el estómago y el riñón. Hay que recordar que con la analgesia se puede enmascarar el dolor, con el riesgo de permitirle hacer actividades que puedan dañar las articulaciones, que el dolor le estaba avisando que no debía realizar.
Glucocorticoides. Por su efecto antiinflamatorio e inmunosupresor se encuentran entre las drogas más usadas y a veces abusadas en enfermedades musculoesqueléticas. Son antiinflamatorios muy eficaces calmando el dolor por disminución de la inflamación, si el dolor no es inflamatorio los glucocorticoides no son útiles como analgésicos. Por sus efectos secundarios, en general, deben reservarse para los casos en que los AINES son probadamente ineficaces.
Antidepresivos. Pueden ser útiles en dolor crónico, el efecto analgésico parece ser independiente del antidepresivo. La fibromialgia cuyos dolores son poco sensibles a AINES responde bien a bajas dosis de antidepresivos, mejorando además el insomnio que suele asociarse a esta patología. También en algunas personas con artritis reumatoide, espondilitis anquilosante o artrosis pueden ser beneficiosos, ayudando a disminuir la ingestión de otros analgésicos. arriba
Medidas no-medicamentosas para aliviar el dolor
Algunas medidas complementarias, aparentemente simples, pueden ser muy efectivas, sin que esto signifique que reemplacen la medicación indicada por su médico.
Actividad física y reposo. Las enfermedades reumatológicas pueden ser agotadoras, especialmente si tiene una enfermedad sistémica, como artritis reumatoide o lupus. Si está en un período de exacerbación y las articulaciones están inflamadas es importante hacer reposo, el estrés a las articulaciones inflamadas puede causar más daño y dolor, pero la artritis no debe llegar a ser una excusa para la inactividad, arriesga que las articulaciones se pongan rígidas y los músculos se debiliten. La clave es encontrar el balance entre el reposo y la actividad. El ejercicio es importante, actividades físicas como nadar, yoga o programas de ejercicios le pueden ayudar, trate de hacerlo en momentos en que no esté muy cansado. Aprenda a escuchar a su cuerpo, si siente dolor después de determinada actividad le está indicando que debe tomarlo con más calma.
Frío o calor. El calor, especialmente útil para el dolor muscular, favorece la circulación, el frío calma las células nerviosas excitadas y disminuye la hinchazón en articulaciones inflamadas. No todas las personas responden igual y depende también de cada situación. Pregunte a su médico si hay alguna razón que impida su uso, por ejemplo, el frío puede no ser adecuado si Ud. tiene problemas de circulación como en vasculitis o fenómeno de Raynaud. Hay que evitar temperaturas extremas para no lesionar la piel.
Masaje, cremas y geles. El masaje puede aliviar el dolor o la tensión muscular, se puede agregar alguna crema de las que hay una gran variedad, algunas contienen ingredientes activos que se absorben por la piel que deben considerarse al calcular los medicamentos a tomar. La mayoría produce una reacción local que engaña al cerebro al reconocer la señal de origen del dolor. El masaje debe evitarse si las articulaciones están muy sensibles o inflamadas.
Relajación y humor. El dolor causa estrés y tensión, el practicar técnicas de relajación le puede ayudar a liberarlos. A medida que los músculos se relajan se liberan sustancias naturales similares a la morfina, llamadas endorfinas, que ayudan al alivio del dolor. El humor por su parte, puede alivianar la carga de ansiedad y depresión. Es difícil encontrar humor en el dolor crónico, pero la risa es el analgésico más fácilmente accesible. Parece actuar haciendo el efecto de un ejercicio aeróbico y también por la liberación de endorfinas.
Sueño. Las personas con dolor crónico suelen tener trastornos del sueño por el propio dolor, la carga psicológica de sentirse enfermo, la falta de actividad física y al despertar están adoloridos, con rigidez y fatiga, esto es frecuente en personas con artritis y especialmente con fibromialgia, es necesario romper el círculo vicioso estableciendo nuevos hábitos de sueño, intente hacer alguna actividad relajante antes de dormir o evite los estimulantes, por ejemplo.
El alivio del dolor permite no sólo evitar el sufrimiento físico, sino también el sufrimiento psíquico al permitirle reinsertarse dentro de sus tareas habituales y volver a ganar algunos de los roles perdidos. arriba
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